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domingo, 2 de mayo de 2010

Día del Trabajador

Hoy, Día del Trabajador, se movilizan millones de personas en el mundo para "celebrar" su condición de trabajadores y trabajadoras.

Esta fecha, históricamente, ha servido de marco para defender los derechos de los trabajadores, para impulsar el derecho al trabajo digno y resaltar la importancia del trabajo en la construcción y desarrollo de la sociedad. En Venezuela, curiosamente, el proceso revolucionario liderado por Hugo Chávez lo celebró firmando el decreto de expropiación de tres localidades de Empresas Polar (la primera empresa privada del país) de manera arbitraria, poniendo en riesgo más de tres mil empleos directos e indirectos.

Es difícil no considerarla una medida arbitraria cuando los criterios argumentados para la expropiación aplican a una zona industrial de 21,34 hectáreas y el decreto sólo incluye a las localidades de Empresas Polar que representa aproximadamente un 5% de la superficie total. Cómo no considerarla arbitraria si sólo por utilizar los canales y recursos que establece la ley en este tipo de situaciones, Chávez amenaza continuamente al Presidente de la Empresa con quitarle otras propiedades. Cuando la organización pide diálogo y reconsideración de la decisión, Chávez responde con amenazas, esa es la forma en que "gobierna".

Mientras la empresa ofrece empleo y bienestar al país desde hace casi 70 años, Chávez se lo toma como una victoria ante la oligarquía. Un aspecto importante de todo esto es que el Gobierno se toma esto como algo "personal" contra el Presidente de la Empresa, olvidando y pisoteando los derechos y necesidades de todos los trabajadores involucrados, de las familias de esos trabajadores.

Con la - supuesta - idea de construir viviendas, la opción de la expropiación es la más costosa desde todos los puntos de vista: social, económico y ambiental. Incluso por encima del bienestar y de la voluntad del pueblo local; supuesto móvil del actual Gobierno.

Lamentablemente, hoy no es precisamente un día para celebrar. Si es un día para reflexionar, para dar lo mejor, para cumplir los deberes y hacer valer nuestros derechos. Como trabajador de Empresas Polar estoy resteado para proteger mi empleo, el sustento de mi familia y a la organización que me ha brindado de manera permanente la oportunidad de crecer personal y profesionalmente.

En la Venezuela que vivimos, Polar pasó de 10.000 trabajadores en el año 1999, a más de 31.000 en el 2010. Incluso este año 2010 fue distinguida por el Centro Mexicano para la Filantropía como "Empresa ejemplar por su Responsabilidad Social en América Latina". En palabras de Lorenzo Mendoza, ese al que Chávez amenaza, "en Empresas Polar se habla de Compromiso Social y no de Responsabilidad Social, porque el ser responsable no necesariamente compromete, y aquí estamos comprometidos con Venezuela".



Sentir, Pensar y Hacer. Empresas Polar congruente desde su Amor y Compromiso por el país, hasta sus acciones. Trabajadores de Polar comprometidos con el país y con la Empresa.

#SoyPolar 100% Orgullo Venezolano!

Pueden seguir de cerca esta realidad a través de @todossomospolar en Twitter.
Foto: @CarlosGraffe 1 de Mayo en Barquisimeto en la marcha en contra de la expropiación.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Venezuela: Síndrome de Estocolmo en masas


En medio del comienzo de año más turbulento que recuerdo reflexiono sobre lo que nos trajo hasta acá como Venezolanos y, más aún, sobre lo que nos mantiene. Con un movimiento estudiantil que resurgió tras nuevos ataques a la propiedad privada y a la libertad de expresión con consignas claras que nos afectan a todos los venezolanos: Luz, Agua y Seguridad. Los tres principales problemas que estamos sufriendo y que se sabe no mejorarán en el corto y mediano plazo.

Cómo en medio de esta crisis, que llevamos años arrastrando y que cada vez empeora más y más los venezolanos seguimos esperando “que algo pase”. ¿Cómo es posible que toda la gente siga ciegamente apoyando las “políticas de bolsillo”? improvisadas y a fuerza de real o decreto donde el criterio de planificación y desarrollo brilla por su ausencia, donde las expropiaciones se convierten en parte del circo mediático, con sus respectivos aplausos y coros tarifados.

Recordé que hay un síndrome en el cual una “víctima” se solidariza con su victimario. Gracias a la red de redes pude dar con él rápidamente: Síndrome de Estocolmo. La causa que llamó mi atención fue “Tanto el rehén o la víctima como el autor del delito persiguen la meta de salir ilesos del incidente, por ello cooperan” ¿Será que en el fondo aún hay mucho que perder y que si enfrentamos la situación la cosa puede empeorar? Mucho se ha comentado que nadie quiere otro 11 de Abril, día en el que murieron muchos inocentes, donde pistoleros quienes apuntaron y dispararon en la dirección de los heridos y muertos quedaron absueltos, aún con la evidencia del ensañamiento. Sinceramente yo tampoco quiero que ocurra de nuevo, ni estoy dispuesto a perder la vida enfrentando a éste régimen. Creo que nadie sensato y demócrata verá eso como una “salida viable”. La vía para mi es por la vía de los votos, pero eso es otro tema.

Volviendo al Síndrome de Estocolmo, también gracias a Internet me di cuenta de que mi idea ingeniosa de vincular nuestra situación como país, ya lo había identificado Alvaro Vargas Llosa en un artículo publicado en diciembre del 2006. Para evitar “contagiarme” de sus ideas preferí no leerlo sino hasta terminar este post. Ya veremos qué coincidencias hay. Para leer el artículo hagan click aquí.

En fin, nunca me ha gustado el papel de víctima, mucho menos padecer un Síndrome de víctima. Venezuela necesita un despertar. Un despertar por la inseguridad, por la ineficiencia que nos dejó sin luz y sin agua, por la corrupción, por traición a la patria incluyendo cubanos en áreas estratégicas venezolanas, por regalar nuestros recursos cuando somos los primeros que los necesitamos, por el deterioro de la calidad de vida, de todos los servicios públicos. Y sobre todo un despertar por nuestra propia responsabilidad en todo esto, porque es mucho más fácil señalar las incapacidades de nuestro Presidente (que son evidentes) sin ver las propias.

Dejemos de ser víctimas de nuestra realidad, tomemos las riendas de nuestra vida. Como termina el poema Invictus que identificó la lucha de Mandela “…soy el amo de mi destino: soy el capitán de mi alma”.