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sábado, 11 de febrero de 2012

La Primavera Venezolana


Después de varias semanas sin siquiera abrir el blog, lo retomo con un texto escrito por Mario Vargas Llosa, en donde resume de manera sublime el proceso democrático sin precedentes que está viviendo nuestra querida Venezuela.

Los ojos del mundo se pasean por la primavera árabe y el hito que está significando para repensar el poder en todas las latitudes. Aunque a algunos venezolanos les encanta hablar de las bondades de afuera mientras desprecian las propias, o son incapaces de reconocerlas; pues aún están a tiempo de ser protagonistas de esta historia para que se confirme también un hito en la democracia de este país.


Los invito a votar mañana de manera masiva. No importa cuál sea su candidato, no importa que las encuestas digan que no tiene vida. Aquí lo que está en juego es un país, y con nuestra presencia y acción seguimos dando pasos para vencer las cadenas que nos amarran al atraso.

Ahora sí, comparto con ustedes el texto prometido.



LA PRIMAVERA VENEZOLANA por Mario Vargas Llosa (tomado de lapatilla.com)

Durante algún tiempo se dijo -dijimos muchos- que, a pesar de su coraje y de nadar contra una corriente que equivalía a un maremoto, la oposición venezolana era parte del problema. Dividida, mediocre, populistona, parecía incapaz de erigirse en una alternativa seria al bufón de Miraflores. Todo eso cambió. Lo que ha conseguido la oposición antes y durante la campaña de las primarias que tendrán lugar el 12 de febrero es notable.

Primero, lograron la unidad, gracias a la cual obtuvieron más votos que el régimen en los comicios legislativos y, lo que es igual de importante, evitaron que las primarias se convirtiesen en un ejercicio caníbal. La firma, esta misma semana, de un programa de gobierno que todos se comprometen a respaldar bajo la candidatura de quien resulte ganador ratifica el éxito que ha sido la Mesa de la Unidad, donde se agrupa toda la oposición. En cambio, Hugo Chávez ha visto deshacerse la coalición, Polo Patriótico, que lo respaldó en su momento y su Partido Socialista Unido de Venezuela es él mismo una risible behetría. Para no hablar del ucase con que Chávez se ha autoproclamado candidato.

El ejemplo que viene dando la oposición en estas primarias trasciende las fronteras. Mientras que, en Estados Unidos, los republicanos se sacan ahora los ojos y en Francia los socialistas hicieron hace poco otro tanto, en Venezuela los candidatos de la justa interna han guardado las formas y preservado el sentido del gran objetivo -devolverle al país su democracia y disparar su desarrollo- mientras dirimían sus diferencias ideológicas, que iban del liberalismo sin complejos de María Corina Machado, entrevistada en EL MUNDO, a la socialdemocracia menos confrontacional de Pablo Pérez.

En las primarias norteamericanas suele votar un 10% del electorado total; en Francia lo acaba de hacer un porcentaje ligeramente menor. En Venezuela, en cambio, el propio Chávez ha vaticinado, sin saber que les hacía un elogio, que en las primarias opositoras votará «apenas» el 20% del registro electoral nacional (según los sondeos, podría ser hasta el 30%).

Henrique Capriles, el gobernador del estado Miranda, es un candidato joven de un partido relativamente nuevo, Primero Justicia, que representa claramente la línea democrática y la moderación económica, aunque prefiere eludir el cuerpo a cuerpo con Chávez por razones tácticas. Su posición se ha reforzado con el retiro -que lo honra- de Leopoldo López, otro candidato joven al que Chávez trata de destruir desde hace tiempo. Por lo demás, salvo Diego Arria, cuya admiración por el modelo de Fujimori en Perú es pública, todos los candidatos opositores representan inequívocamente la puesta al día de Venezuela con la corriente dominante de América Latina.

Las primarias serán, claro, una primera etapa. Vendrá luego lo más arduo: superar a Chávez -es decir, superar el fraude «ambiental», como alguien lo calificó en su momento, que rodea todas las justas electorales en ese país- el próximo 7 de octubre. Las encuestas colocan al autócrata ligeramente por delante de la oposición a estas alturas, pero lo novedoso no es eso, sino que Miraflores no ha logrado partir, despintar o intimidar a una oposición que hoy está más fuerte que en ninguno de los comicios presidenciales anteriores. Todo, incluido lo impensable, es posible.

¿Quién dice que no hay una primavera venezolana?

miércoles, 10 de febrero de 2010

Venezuela: Síndrome de Estocolmo en masas


En medio del comienzo de año más turbulento que recuerdo reflexiono sobre lo que nos trajo hasta acá como Venezolanos y, más aún, sobre lo que nos mantiene. Con un movimiento estudiantil que resurgió tras nuevos ataques a la propiedad privada y a la libertad de expresión con consignas claras que nos afectan a todos los venezolanos: Luz, Agua y Seguridad. Los tres principales problemas que estamos sufriendo y que se sabe no mejorarán en el corto y mediano plazo.

Cómo en medio de esta crisis, que llevamos años arrastrando y que cada vez empeora más y más los venezolanos seguimos esperando “que algo pase”. ¿Cómo es posible que toda la gente siga ciegamente apoyando las “políticas de bolsillo”? improvisadas y a fuerza de real o decreto donde el criterio de planificación y desarrollo brilla por su ausencia, donde las expropiaciones se convierten en parte del circo mediático, con sus respectivos aplausos y coros tarifados.

Recordé que hay un síndrome en el cual una “víctima” se solidariza con su victimario. Gracias a la red de redes pude dar con él rápidamente: Síndrome de Estocolmo. La causa que llamó mi atención fue “Tanto el rehén o la víctima como el autor del delito persiguen la meta de salir ilesos del incidente, por ello cooperan” ¿Será que en el fondo aún hay mucho que perder y que si enfrentamos la situación la cosa puede empeorar? Mucho se ha comentado que nadie quiere otro 11 de Abril, día en el que murieron muchos inocentes, donde pistoleros quienes apuntaron y dispararon en la dirección de los heridos y muertos quedaron absueltos, aún con la evidencia del ensañamiento. Sinceramente yo tampoco quiero que ocurra de nuevo, ni estoy dispuesto a perder la vida enfrentando a éste régimen. Creo que nadie sensato y demócrata verá eso como una “salida viable”. La vía para mi es por la vía de los votos, pero eso es otro tema.

Volviendo al Síndrome de Estocolmo, también gracias a Internet me di cuenta de que mi idea ingeniosa de vincular nuestra situación como país, ya lo había identificado Alvaro Vargas Llosa en un artículo publicado en diciembre del 2006. Para evitar “contagiarme” de sus ideas preferí no leerlo sino hasta terminar este post. Ya veremos qué coincidencias hay. Para leer el artículo hagan click aquí.

En fin, nunca me ha gustado el papel de víctima, mucho menos padecer un Síndrome de víctima. Venezuela necesita un despertar. Un despertar por la inseguridad, por la ineficiencia que nos dejó sin luz y sin agua, por la corrupción, por traición a la patria incluyendo cubanos en áreas estratégicas venezolanas, por regalar nuestros recursos cuando somos los primeros que los necesitamos, por el deterioro de la calidad de vida, de todos los servicios públicos. Y sobre todo un despertar por nuestra propia responsabilidad en todo esto, porque es mucho más fácil señalar las incapacidades de nuestro Presidente (que son evidentes) sin ver las propias.

Dejemos de ser víctimas de nuestra realidad, tomemos las riendas de nuestra vida. Como termina el poema Invictus que identificó la lucha de Mandela “…soy el amo de mi destino: soy el capitán de mi alma”.