Justo hace dos días tuiteaba lo siguiente: Ten presente el tipo de lentes que llevas en la vida, ellos determinarán lo que 'ves' y cómo lo 'ves'. (@GerarGM)
Buscando el mensaje de hoy me encontré en un libro de Bucay las siguientes historias que ilustran de manera significativa este tema.... como comenta el autor "La mirada de las cosas tiene una cuota de relatividad tan grande que las cosas se interpretan dependiendo de cómo se vean."
Historias para tomar en cuenta que nuestra visión no es la única forma de interpretar el mundo.
Se les quiere
Gerardo...
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Un señor llamado Paul Watzlawick cuenta que en un laboratorio donde se hacen experimentos con animales, un investigador está tratando de hacer un reflejo condicionado con dos ratas en un laberinto. Entonces, cuando el señor de guardapolvo blanco entra, una ratita le dice a la otra: “¿Ves a ese señor de guardapolvo blanco?. Lo tengo totalmente amaestrado, cada vez que yo bajo esta palanca, me da de comer”.
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Un señor muy creyente sentía que estaba cerca de recibir una luz, que le iluminara el camino a seguir. Todas las noches, al acostarse le pedía a Dios que le enviara una señal sobre cómo tenía que vivir el resto de su vida. Así anduvo por la vida, durante dos o tres semanas en un estado semi místico buscando recibir una señal divina.
Hasta que un día, paseando por un bosque, vio a un cervatillo caído, tumbado, herido, que tenía una pata medio rota. Se quedó mirándolo y de repente vio aparecer a un puma. La situación lo dejó congelado, estaba a punto de ver cómo el puma, aprovechándose de las circunstancias, se comía al cervatillo de un solo bocado. Entonces se quedó mirando en silencio, temeroso y también de que el puma, no satisfecho con el cervatillo, lo atacara a él. Sorpresivamente, vio al puma acercarse al cervatillo. Entonces ocurrió algo inesperado, en lugar de comérselo, el puma empezó a lamerle las heridas.
Después se fue y volvió con unas ramas humedecidas y se las acercó al cervatillo con la pata para que éste pudiera beber el agua, y después se fue y trajo un poco de hierva húmeda y se la acercó para que el cervatillo pudiera comer. Increíble.
Al día siguiente. Cuando el hombre volvió al lugar, vio que el cervatillo aún estaba allí, y que el puma otra vez llegaba para alimentarlo, lamerle las heridas y darle de beber. El hombre se dijo: esta es la señal que yo estaba buscando, es muy clara. “Dios se ocupa de proveerte de lo que necesites, lo único que no hay que hacer es ser ansioso y desesperado corriendo detrás de las cosas”.
Así que agarró su atadito, se puso en la puerta de su casa y se quedó ahí esperando que alguien le trajera de comer y de beber. Pasaron dos horas, tres, seis, un día, dos días, tres días,... pero nadie le daba nada. Los que pasaban lo miraban y el ponía cara de pobrecito imitando al cervatillo herido, pero no le daban nada. Hasta que un día pasó un señor muy sabio que había en el pueblo y el pobre hombre, que estaba ya muy angustiado, le dijo:
- Dios me engañó, me mandó una señal equivocada para hacerme creer que las cosas eran de una manera y eran de otra. ¿Por qué me hizo esto?. Yo soy un hombre creyente...
Y le contó lo que había visto en el bosque...
El sabio lo escuchó y luego le dijo:
- Quiero que sepas algo. Yo también soy un hombre muy creyente, Dios no manda señales en vano, Dios te mandó esa señal para que aprendieras.
El hombre preguntó:
- ¿Por qué me abandonó?
Entonces el sabio le respondió:
- ¿Qué haces tú, que eres un puma fuerte y listo para luchar, comparándote con el cervatillo?. Tu lugar es buscar algún cervatillo a quien ayudar, encontrar a alguien que no pueda valorarse por sus propios medios.
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viernes, 14 de octubre de 2011
miércoles, 7 de julio de 2010
Trabajo de oficina

La pasada semana me tocó vivir un episodio muy interesante, una confirmación de que la realidad se construye a partir de percepciones. Adicionalmente me tomó completamente desprevenido.
La señora Ángela es una amable y sonriente señora que trabaja en la limpieza y mantenimiento de los espacios donde trabajo. Todas las tardes llega aproximadamente a la misma hora, un poco después de la hora de salida, con su rutina bien planificada, la cual inicia siempre con la recolección de los cestos de basura.
La tarde del jueves (si mal no recuerdo) estaba yo terminando de revisar la sistematización de nuevas actividades de Voluntariado, cuando puntualmente llegó la señora Ángela. Mientras recogía los cestos, realizó el siguiente comentario… “Uno piensa que la gente de oficina no trabaja, pero viéndolo a usted uno se da cuenta que sí, y bastante”.
Como me llegaron a comentar por twitter (@w_ribera), esos reconocimientos valen más que los de cartón, con lo que estoy completamente de acuerdo.
Mi reflexión se encaminó hacia lo siguiente… ¿Qué piensa la gente de bajos recursos sobre la gente que trabaja en oficina? Dudo sobre si la caracterización es “bajos recursos”, “nivel de escolaridad bajo” o incluso algún otro. Sin embargo creo trasmitir de manera adecuada hacia dónde va mi reflexión, si no es así háganmelo saber por favor. Cuántas personas, como mi estimada Ángela, se preguntarán… ¿Qué hacen tantas personas, en sus escritorios todo el día, sentados frente a una computadora? Tal vez se pregunten ¿Por qué no trabajan?
Aproveché la oportunidad para comentarle un poco sobre lo que hacemos, sobre cómo compartimos el tiempo entre el trabajo de campo con las Comunidades y el trabajo de oficina para “construir las actividades y proyectos que luego realizamos con las Comunidades”, fue lo que alcancé a decir en el intento de que resultara asible para ella; mejor eso que hablar de diseño, evaluación, seguimiento y sistematización.
Creo que lo mejor fue trasladarlo a su día a día, valorar su trabajo y aplicar conceptos básicos de planificación y ejecución de sus tareas. Ella lo entendió rápidamente: “Claro, yo por ejemplo todos los días recojo la basura y limpio los escritorios, porque sé que ustedes trabajan todos los días en ellos. En cambio no hago lo mismo con los vidrios y la biblioteca, eso lo hago una vez por semana, porque no se ensucian tanto y no vale la pena limpiarlo todos los días”. Nunca deja de sorprenderme el enorme poder de la empatía.
Para no extenderme mucho dejo la anécdota hasta acá para avanzar con la reflexión y plantearme ¿Qué estamos haciendo, los que trabajamos en la oficina, para mostrar lo que hacemos y para entender otras realidades? Creo que mucho de lo que estamos viviendo en Venezuela se debe a ésta separación. Mucho del discurso político de enfrentar a los “oprimidos” contra los “oligarcas” tiene su poder precisamente en el vacío de información que existe entre los diversos sectores de nuestra sociedad.
Con la intención de buscar soluciones que sirvan de “puente” entre las diversas realidades que encontramos en el día a día, todo me lleva al punto de partida de ésta historia, nuevas iniciativas de de Voluntariado. A través del Voluntariado tenemos la oportunidad de conocer realidades y necesidades distintas a las nuestras; simultáneamente, con nuestro tiempo, trabajo y talento podemos contribuir con soluciones a diversas problemáticas. El Voluntariado nos permite hacer grandes aportes mientras colaboramos en el desarrollo de otros; incluso, con el valor agregado, de que todo lo que hagamos en pro del desarrollo de otros tiene impacto positivo directo en nuestro propio desarrollo.
Pregunta en tu lugar de trabajo si existen iniciativas de Voluntariado, busca información sobre las opciones que tienes para desempeñarte como Voluntario. Haz la diferencia, únete al Voluntariado.
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